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5 consejos para cocinar cremas caseras

Desde la importancia de un buen caldo, hasta encontrar la textura perfecta, en Recetas Nestlé® te ayudamos a preparar las mejores cremas caseras

Sabemos que las cremas caseras son muy valoradas y agradables en todo el año, en especial en los días fríos. Entre amigos y familiares se habla de platos exquisitos, de los sabores que conocieron en un viaje y de las comidas favoritas, y en algunos casos alguien levanta la mano para decir que una buena crema hace parte de sus preferidos.

Tienen un valor especial cuando las temperaturas bajan y una crema casera caliente ayuda a combatir el frío. Pero la verdad es que puede ser una buena compañía o entrada para cualquier comida, en cualquier momento del año.

No tiene que estar lloviendo para que te animes a cocinar una, y por eso en Recetas Nestlé® te compartimos algunos consejos que mejorarán el sabor y la textura de tu próxima aventura en la cocina.

 

1. Hablemos del caldo

Es común que las cremas caseras se preparen simplemente con agua, pero un buen caldo puede hacer toda la diferencia, hasta convertirse en el espíritu de estos platos. Lo que necesita es tomar los sabores de las comidas sólidas, para luego apropiárselos en un estado cremoso y único.

Hay dos grandes actores que ayudan a que el caldo brille. Por un lado, están los vegetales y los agentes aromáticos, y por el otro, los ingredientes de origen animal, como los huesos del pollo o la carne, o las espinas de pescado.

Cuando hablamos de agentes aromáticos nos referimos, por ejemplo, al bouquet garni o el sachet d’épices, es decir, un ramillete pequeño de hierbas o un bolsito de especias que se utiliza para darle aroma al caldo. Se puede utilizar, entre otras opciones, perejil, tomillo, romero o laurel.

Dependiendo del caldo y la crema que quieras cocinar, la cantidad de los ingredientes varía, pero es recomendable que utilices todos los productos.

Así mismo, si lo que buscas es un caldo específico, por ejemplo de cebolla, pues tendrás que echarle más cebollas que cualquier otro vegetal. Si simplemente quieres un caldo con buen sabor, asegúrate de tener un equilibrio entre las verduras que utilices y los agentes aromáticos.

Con los Caldos en Polvo Maggi®, ya sea de gallina, verdura o costilla, puedes obtener el sabor, aroma y condimentos propios de un caldo preparado de manera tradicional, así que son la mejor opción para prepararlos.

 

Cantidad, temperatura y tiempo

En cuanto a la cantidad, 100g de cada vegetal funciona para un kilo de restos de animales. Ten en cuenta que debes tener suficiente agua (aproximadamente 3 litros para esta cantidad de ingredientes) para cubrir las comidas, y seguramente se irá evaporando en el proceso, así que si tienes que agregar más durante la cocción, no hay ningún problema.

También es importante que estés atento a la temperatura. Deja que se forme una capa de espuma en la parte de arriba, que lo mejor es quitar con una espumadera para que después no se mezcle con el caldo. En esa espuma están las impurezas de los vegetales y restos animales.

Fíjate que los productos estén frescos y limpios. Así mismo, evita elementos como ojos, escamas o cualquier otro que pueda disolverse en el caldo. Recuerda que lo que queremos es tomar el sabor y los nutrientes de los sólidos, no diluirlos.

Si tu caldo es de pescado, en unos 20 minutos estará listo. Si es de verduras tendrás que esperar una hora, y si es de carne podría tardar hasta cuatro horas. Ten en cuenta estos tiempos si vas a mezclar diferentes ingredientes.

Las últimas dos recomendaciones para el caldo son, primero, cuando ya lo tengas listo, cuélalo a una olla distinta, que esté totalmente limpia. Y segundo, quítale la grasa. Lo más sencillo es hacerlo cuando esté frío, ahí vas a ver claramente cuál es la grasa.

 

2. Secretos de las verduras

Después de asegurar un caldo exquisito, podemos jugar con él en distintas cremas caseras. Ya te olvidaste de simplemente utilizar agua, pero también, en la misma receta, los vegetales deben ser muy bien aprovechados para potenciar el sabor.

Hay un truco muy sencillo para que tu crema de verduras realmente sea una fiesta en tu paladar. Antes de llevarlas al agua, déjalas sofreír unos minutos, ya sea con aceite de oliva o mantequilla. Esto ayuda a realzar sus sabores una vez se mezclen con el caldo. O bien en el caso de vegetales firmes como papas o zapallos, entre otros, los puedes hornear.

 

Aprende a mezclar el caldo con la molienda de verduras

Sin embargo, es importante que la molienda de vegetales vaya de la mano con el caldo. Eso también depende de tus intenciones. Si quieres que sobresalga un sabor, las verduras molidas y el caldo pueden ser del mismo ingrediente, o también puedes jugar con los contrastes, un caldo amargo de alcachofa puede complementar una crema de zapallo, que es más dulce.

Otra idea que te podría ayudar a la hora de mezclar verduras (cuidado: no hablamos del caldo con la crema, sino de la crema per se, el sabor principal) son los colores. Un tip que te dejamos es utilizar las del mismo color. Por ejemplo, zapallo con zanahoria saben muy bien juntas, así como brócoli y espinaca.

Si ya tienes ganas de cocinar, te invitamos a hacer un potage de puerros con esta receta

 

3. La textura perfecta de las cremas caseras

Las verduras también son fundamentales a la hora de darle textura a tus platos. Ya es una cuestión de gustos.

Quienes prefieren tener pedacitos de vegetales en su crema, pueden dejarlas en la licuadora por menos tiempo y a menos potencia, mientras que si se busca que sea totalmente cremosa, hay que aumentar la velocidad y el tiempo.

 

Ingredientes que te van a ayudar a darle textura

La papa, por su parte, puede ayudarte a texturizar las cremas caseras en la licuadora, al igual que la zanahoria. En el caso de que no tengas ninguna de estas dos opciones, la maicena o el chuño también sirven.

Pero debes tener cuidado porque podrías fácilmente usar de más y terminar con una mezcla grumosa. Si ese es el caso, simplemente puedes añadirle más caldo para que se vuelva un poco menos espesa. Incluso podrías variar y experimentar con la yuca, que también puede cumplir la misma función.

Para darle un toque más cremoso desde lo lácteo, añádele queso, mantequilla, crema de leche o incluso Yoghurt Griego Nestlé®. Pero si vas a utilizar un lácteo que seguramente estaba en la nevera, debes esperar un rato hasta que esté a temperatura ambiente. Al mismo tiempo, si vas a añadirlo a la olla caliente durante la preparación, baja un poco el fuego.

También debes revolver muy bien los lácteos, usando un batidor o una cuchara grande. Y no ayuda únicamente para esa textura cremosa, sino que también le da un sabor distinto, redondeando la condimentación y los sabores propios. Este equilibrio en las temperaturas es muy importante para que no se formen grumos o incluso se corte la crema.

Si eres intolerante a la lactosa, de todas formas hay una buena variedad de opciones. La bebida de coco, de arroz, de avena o de soja puede cumplir la misma función, pero recuerda que debe estar a temperatura ambiente.

 

4. Profundicemos en los sabores

No existe una regla universal sobre el uso de la sal en las cremas. Hay quienes la añaden tras sofreír las verduras, otros la ponen únicamente al final para realzar los sabores, y algunos la usan a la hora de triturar los vegetales.

Más allá de tu preferencia, lo fundamental es hacerlo en cantidades moderadas. Como en las cremas caseras estamos cocinando con varios sabores, excederse con la sal puede arruinar el plato, así que ten cuidado. Por lo mismo es muy buen consejo hacerlo al final, así das lugar a todos los sabores propios de los ingredientes para que solamente en el caso de ser necesario se refuerce su sabor.

Si te llega a suceder, la puedes contrarrestas con uno de los lácteos que mencionamos arriba.

 

Más allá de la sal

Para darle un toque aromático y fresco, la albahaca es una gran compañera. Puedes agregarla al momento de usar la licuadora o al final, así como el romero. El laurel, el cilantro y el tomillo puedes añadirlos al caldo.

El jengibre, la cúrcuma o el curry también le van a dar un toque fresco y un picante agradable a tus cremas, y no tengas miedo de experimentar con la pimienta. En este juego de sabores también participan las texturas crocantes, así que si quieres añadir al final unas nueces, almendras o maní, no solo le darán un sabor único, sino que el contraste crujiente con la crema es un deleite en boca.

También puedes jugar con sabores ácidos o picantes. Una pizca de jugo de limón o de su cáscara rallada puede hacer sonreír a tus papilas gustativas, al igual que una salsa picante o un poquito de ají. Una buena salsa soja también le dará su propio sabor, pero ten en cuenta que es bastante salada, así que utilízala con moderación si ya usaste sal.

Cuando ya sirvas tu crema casera, un poco de queso rallado a cada plato le entrega textura una vez se derrite, más un sabor que funciona muy bien con la crema de zapallo o cebolla.

Con estas ideas, no solo el sabor de tus preparaciones estará lleno de capas y matices, sino que tendrá una presentación que sorprenderá a quien te acompañe en la mesa.

Aprovecha estos consejos para cocinar una crema de zapallo con galleta crocante de queso, que te enseñamos a preparar con esta receta.

 

5. Cómo conservar tus cremas caseras

Las cremas funcionan muy bien para guardarlas en el congelador y comértelas durante la semana, sin embargo, es mucho mejor si las separas por porciones antes de meterlas al congelador. No es muy buena idea estar congelado y descongelando la misma comida todos los días.

Sin embargo, es recomendable que no guardes las cremas que tienen lácteos o papas, ya que una vez se congelen afectarán la textura cuando la vayas a comer descongelada. No es que se vayan a dañar, pero tendrás que volverla a pasar por la licuadora o batir con mucha fuerza para volver a tener una crema homogénea.

Es fundamental que la dejes enfriar antes de meterla al congelador, y que los envases en donde la vas a guardar sean herméticos. Cuando la vayas a comer, sigue el proceso de enfriamiento. Pásala primero al refrigerador y después sí sácala a temperatura ambiente.

Luego ponla en una olla y déjala calentar a fuego lento, mientras la revuelves. Es posible que tengas que batir bien para volver a llegar a la textura ideal. Y pruébala antes de echarle sal o cualquier otro condimento, ya que una vez se congela los sabores se concentran.

Si dejas tu crema en el refrigerador, únicamente tendrás de tres a cuatro días antes de que se dañe. Si la congelas, podría durar hasta tres meses, así que ahí tienes un buen plato para el día que no tengas tiempo o ganas de cocinar.

Por último, compartimos algunas recetas de cremas y potages para que pruebes nuestros consejos:

Inspiración y nuevos sabores para ti

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